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Debate honesto sobre drogas

Debemos generar políticas basadas en ciencia y DD.HH., donde consumidores recreativos merezcan respeto y los problemáticos sean tratados con compasión.

 

por Ricardo Lagos Weber y Eduardo Vergara

LA GUERRA contra las drogas se ha transformado en uno de los principales obstáculos para el desarrollo en América Latina. La obsesión por prohibir ciertas drogas y declarar una guerra frontal contra productores y vendedores, pero principalmente contra consumidores, ha tenido efectos casi irreversibles.

 

El crimen organizado controla los mercados, lo que financia de manera holgada su actividad criminal. Los niveles de violencia y la cantidad de homicidios nos han llevado a contar con seis de los 10 países con la mayor tasa de homicidios del mundo. Paralelamente, el consumo desinformado va en aumento, en cantidad y diversidad. La política de drogas, basada en el prohibicionismo, pasó a la historia como la política más ineficiente y costosa de nuestra historia moderna.

 

Pero por primera vez miramos hacia el futuro con optimismo, gracias a un 2012 donde se rompió el tabú. Durante la pasada Cumbre de las Américas, el debate sobre las drogas estuvo al centro de la agenda. Por primera vez en la historia, países como EE.UU. demostraron su disposición a dialogar. El escenario fue propicio para que la OEA fuera mandatada a elaborar una carta exploratoria sobre posibles escenarios para cambiar el enfoque. Posteriormente, el pragmatismo del Presidente Mujica nos sorprendió a todos, al impulsar una reforma para regular la cannabis en su país, aunque por ahora dicho debate está en cuestión, a la espera de formar los consensos necesarios. En noviembre, los estados de Colorado y Washington decidieron democráticamente que la política más efectiva para enfrentar la cannabis era regularla de la misma manera que el alcohol. A estos se le sumaron otros 19 estados que decidieron regular su uso medicinal. Es más, el reelecto Presidente Barack Obama ya dio señales claras de que los consumidores no deben ser el foco de represión.

 

Sin duda, el hito más simbólico fue la declaración de una serie de líderes hemisféricos que, junto con reconocer el fracaso de las políticas actuales, llamaron a romper el tabú y avanzar hacia políticas más honestas, basadas en la amplia evidencia existente, entre los cuales se cuentan a los presidentes Otto Pérez Molina y Juan Manuel Santos, junto a ex mandatarios como Bill Clinton, Jimmy Carter, Fernando H. Cardoso, César Gaviria, Ernesto Zedillo y Vicente Fox.

 

Un reciente estudio de Asuntos del Sur que tomó lugar en seis países, donde se entrevistaron a casi 4.000 personas entre 18 y 34 años, dejó al descubierto el amplio e irrestricto apoyo que las nuevas generaciones de latinoamericanos dan a la posibilidad de regular las drogas. Estamos frente a un tema de futuro, que inevitablemente nos demandará estar preparados para ofrecer nuevas alternativas que contemplen la regulación como la forma más honesta de educar, enfrentar la prevención y la rehabilitación, pero, por sobre todo, para convivir con un fenómeno del que llevamos renegando hace ya demasiado tiempo.

 

Debemos generar políticas basadas en la ciencia, la salud y los derechos humanos, donde consumidores recreativos sean respetados, y los problemáticos sean tratados con compasión y lejos de la represión que les empuja a consumir más. Mano dura con el crimen organizado, pero, por sobre todo, capacidad y pragmatismo para quitarle el monopolio de uno de los mercados más lucrativos del mundo.

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